La impresión 3D llega a los hospitales veterinarios

Un equipo del Hospital Clínico Veterinario de la Universidad Complutense utiliza una Witbox 2 para mejorar las cirugías, fabricar prótesis y crear modelos anatómicos que suplan la falta de cadáveres.

Entre quirófanos, laboratorios, salas de hospitalización y de pruebas, Javier Sanz y su equipo han encontrado un hueco para la impresión 3D en el Hospital Clínico Veterinario de la Universidad Complutense. Con esta tecnología crean modelos anatómicos que ayudan al aprendizaje, facilitan las operaciones, empiezan a experimentar la posibilidad de crear prótesis y han dado con una solución para hacer frente a una de las principales dificultades de las facultades de veterinaria de España: la complicada obtención de cadáveres de animales destinados al estudio. 


“Cada año es más difícil conseguirlos debido a la Ley de Sacrificio 0 de la Comunidad de Madrid. Como no queremos que esta Ley deje de existir, estamos buscando alternativas y una alternativa es la impresión 3D”

esqueleto animal impreso con BQ Witbox

Esa opción consiste en escanear el esqueleto del animal (por ejemplo, un perro), subirlo a la plataforma Sketchfab e imprimir las partes anatómicas que el profesor necesita para las prácticas de su clase. 

“De esta forma ni hay que conseguir los cadáveres, ni limpiarlos, ni prepararlos. Es cierto que nada sustituye a las prácticas sobre un cuerpo real, pero hay algunas clases en las que no necesitas un realismo tan extremo y esas piezas impresas cubren las necesidades con creces”

El equipo del proyecto 3DVetLab también usa la impresora Witbox 2 de BQ para dar vida a modelos anatómicos que han virtualizado en 3D usando TACs (tomografía axial computarizada) de casos de animales que han pasado por la clínica. “Los modelos sirven para que los docentes planteen casos clínicos en las clases a los estudiantes y éstos puedan hacer ejercicios prácticos”, cuenta Javier.

Han creado, asimismo, una biblioteca anatómica virtual de acceso libre y gratuito donde, además del modelo navegable, añaden fotografías de los casos y anotaciones para que todo aquel que acceda entienda las patologías y las resoluciones de las mismas.

Mejora de las intervenciones quirúrgicas

Al igual que en la medicina, la impresión 3D también va llegando, poco a poco, a las salas de operaciones de los cirujanos veterinarios. En 3DVetLab están probando la tecnología en las situaciones poco frecuentes y complicadas. Según Javier, “tienes, por ejemplo, el caso de un perro con una deformación que no has visto nunca. Una impresión en 3D te ayuda a planificar la cirugía, puedes practicar y hacer cortes en esos huesos impresos para planear lo que vas a hacer luego en el paciente real.

Cabeza de pastor alemán BQ Witbox

Al enfrentarte en la sala de operaciones a algo sobre lo que ya has practicado, la operación es más sencilla y se reducen el tiempo de cirugía y los costes anestésicos”. Incluso si se esteriliza el modelo en 3D, éste se puede introducir durante la operación para que el veterinario lo utilice mientras está llevando a cabo la cirugía. También crean premodelados de placas de osteosíntesis para que esas piezas no se tengan que adaptar en el quirófano durante el tiempo destinado a la intervención.

Otro de los objetivos del equipo consiste en la creación de prótesis para los animales que lo necesiten. Ya están diseñando el pico de un agaporni que perdió el suyo por culpa de otro pájaro. Probarán la resistencia del PLA y, si no es la adecuada, usarán el modelo en 3D para encargar su fabricación en otro material.

“El último caso es el de un galgo que sufrió un trombo que le provocó la necrosis de las dos patas posteriores a diferentes alturas. Tuvimos que amputarlas y ahora estamos diseñando las prótesis en 3D que podría llevar”
Hueso impreso en 3D con BQ Witbox 2

Las ventajas de usar esta tecnología son principalmente económicas, pues unas prótesis tradicionales costarían 5000 euros cada una. “Lo que estamos intentando ahora es buscar la técnica perfecta de diseño de prótesis para este paciente concreto. Aunque la prótesis final no esté fabricada con PLA queremos que sí lo estén los prototipos iniciales: se tardan 30 minutos en imprimir y cuando el perro venga a las revisiones se pueden probar, corregir y hacerlos de nuevo si se necesita”, relata el veterinario.

Además, el haber introducido la impresión 3D en la facultad ha permitido también abrir una puerta a un posible proyecto futuro en la cuna de la humanidad, Atapuerca: un grupo de profesores, tanto de la Complutense como de la Universidad de Burgos, está estudiando la posibilidad de utilizar estas impresoras de BQ para realizar réplicas de fósiles y emplearlos en la docencia o en investigación.

Mejorar las operaciones de los animales, su calidad de vida o incluso ayudar a conseguir nuevos éxitos. La impresión 3D ha llegado al ámbito veterinario y aún le queda recorrido, un recorrido plagado, seguro, de grandes logros.