MAK3RS: la tecnología para ayudar a alumnos con riesgo de exclusión social

Vivir en un entorno con dificultades condiciona tu día a día, pero también tu futuro. Esto lo saben bien los profesores de institutos y colegios situados en barrios con familias en riesgo de exclusión social, que luchan para ofrecer mejores salidas a su alumnado buscando herramientas que les ayuden a lograrlo. Muchos de ellos han encontrado en la tecnología una llave para el cambio gracias al proyecto MAK3RS de Ayuda en Acción.

Christian Bodewing, jefe del Programa de Crecimiento Inclusivo en Europa Central del Banco Mundial, ya decía que:

“hay que potenciar las habilidades cognitivas de los futuros integrantes del mercado laboral, especialmente los niños de contextos desfavorecidos”.

A través de MAK3RS y la enseñanza de la robótica y la impresión 3D, la ONG pretende lograr el mismo objetivo que Bodewing: apoyar a los estudiantes en situación de vulnerabilidad para favorecer su empleabilidad, mejorar su futuro laboral y su participación activa en la sociedad.

Estos alumnos son chicos y chicas que viven en un contexto social complejo, en barrios económicamente desfavorecidos y en familias a las que la crisis les dificulta llegar a fin de mes. En un entorno así, el abandono o el fracaso escolar son mayores.

Proyecto makers de ayuda en accion

Ayuda en Acción lleva la tecnología al aula de distintas maneras: los formadores imparten clases a los alumnos pero también enseñan a los profesores de los centros. La ONG ha contado con la ayuda de BQ para desarrollar en conjunto la metodología y la generación de los contenidos.

Yolanda Magriñá es profesora de tecnología del IES José de Churriguera de Leganés (Madrid), uno de los doce centros de España que imparten MAK3RS. Yolanda, que está aprendiendo a “trabajar con los chicos de otra manera, partiendo de lo práctico para llegar a aprender el porqué”, asegura que “hay algunos que tenían los estudios abandonados a los que les ha costado mucho retomarlos, y otros con graves situaciones familiares que hacen casi imposible que encuentren ganas para venir al centro, pero, aún así, lo hacen”.

"Lo que buscamos es que la programación o la tecnología no sea algo que les incomode, queremos que les llegue y que les guste”

Según Chema Lobera, formador de MAK3RS en centros de barrios de la periferia de Zaragoza, “los chavales viven en entornos muy complicados, algunos llegan a clase sin desayunar porque no pueden. MAK3RS les da una oportunidad que de otra forma no tendrían".

El trabajo en el aula busca generar un ambiente en el que los chicos y las chicas descubran la tecnología que les rodea y se conviertan, así, en personas creativas con capacidad para resolver problemas. Se quiere, sobre todo, empoderarles tecnológicamente para mejorar su futuro laboral y fomentar entre ellos el emprendimiento.

“Proponemos retos basados en su realidad más o menos cercana. Ante ese reto tienen que utilizar la tecnología para buscar una solución. Todos van dando sus respuestas y participan. Así, ellos piensan que la tecnología es positiva y que pueden aportar algo a la comunidad”
Proyecto Makers de la ONG Ayuda en Acción

Los retos se centran en situaciones cercanas a los chicos como reproducir el funcionamiento de un semáforo, controlar la temperatura del aula o hasta incluso diseñar soluciones domóticas en una casa para personas con discapacidad visual. Los alumnos, que veían la tecnología como un concepto lejano, “se sorprenden de que es algo que pueden tocar, es más sencilla de lo que pensaban”, asegura Chema

A Yolanda le llama la atención la actitud tan positiva que esta pedagogía provoca en los chicos, lo que mejora a medida que va avanzando el curso: “veo que ahora se enfrentan de otra manera a los proyectos que les vamos proponiendo, ya no se bloquean, intentan buscar soluciones”. Ella reconoce que gracias a esta iniciativa se ha dado cuenta de que “se pueden hacer muchas cosas desde la robótica que no me había planteado y sin cargar al alumno con un gran peso de contenidos, pues los van adquiriendo a medida que van avanzando en los proyectos”.

El éxito de un proyecto educativo diferente

MAK3RS comenzó durante el curso 2015/2016 y en esta segunda fase ya se imparte en diez provincias: Palma, Málaga, Oviedo, Madrid, Bilbao, Vitoria, A Coruña, Alicante, Barcelona y Zaragoza. Más de 1000 alumnos se han beneficiado del proyecto de Ayuda en Acción que, además, a través de BQ ha capacitado también a 87 profesores.

Para Chema, una de las ventajas de MAK3RS radica en que las clases se imparten en horas lectivas. Entre sus objetivos están el fomentar el trabajo en equipo, el respeto y también evitar el sexismo o la brecha digital entre géneros. Aquí se consigue: “yo doy extraescolares de robótica y me doy cuenta de que muchas niñas se caen de las listas porque los padres aún piensan que son actividades para chicos. Gracias a que se MAK3RS  se ofrece en horas lectivas, participan tanto las chicas como los chicos”.

Ayuda en Acción asegura que el éxito del programa pasa por generar igualdad de oportunidades en nuestros niños, niñas y adolescentes. También, según la ONG, al promover la educación en valores y el espíritu crítico analizando las causas de las desigualdades y la pobreza, aspiran a conseguir una sociedad que sea capaz de corresponsabilizarse para la construcción de un mundo más justo y solidario.

Es indiscutible que MAK3RS ayuda a los estudiantes a descubrir todo su potencial y pone a su disposición conocimientos y herramientas que les permite enfrentarse mejor a su futuro, a replantearse su vida laboral y a pensar que pueden conseguir más de lo que creían hasta ahora.

“Yo creo que al mejorar la autoestima y despertar en ellos el gusanillo de la superación también les ayuda a ser más resolutivos y tener mejor opinión de ellos mismos, con lo cual cuentan con más herramientas para enfrentarse al mundo que les espera. Ahora se atreven a realizar otras cosas que antes no se habían planteado”, asegura Yolanda. Todo ello a través de la tecnología con la que, según Chema, “podemos conseguir que el mundo sea más humano”.